lunes, 12 de junio de 2017

Estoy madurando...


Alguien me dijo alguna vez, que cuando somos jóvenes, todo es de color rosa, pero con el paso del tiempo, poco a poco, adquiere un color gris.
Mientras estaba cenando, comentando un tema, que desgraciadamente es demasiado popular en nuestros hogares, la corrupción, cuando intenté hablar, un nudo se me hizo en la garganta y no pude evitar romper a llorar. 
De repente me vino a la mente la cantidad de personas, que con una quinta parte del dinero que un tajo de ladrones intenta quitarnos, puede llevar una vida acomodada.
Una de las imágenes que me vino a la mente fue la de un humilde hombre, que el día de "La Banderita" de Cruz Roja, colaboró con un pequeño donativo; básicamente como hacia la mayoría de personas a las que me acercaba, pero cuál fue mi sorpresa cuando el hombre me dijo: “¿Cómo no voy a colaborar? Cruz Roja me está ayudando a pagar la medicación”. Para mí su donativo fue el mayor de todos, porque aun teniendo poco, me dio todo lo que tenía porque, como dijo el “Yo también quiero ayudar a otras personas, por muy poco que sea”.
En ese día me di cuenta de la generosidad de nuestra pequeña ciudad, ver los trajes de la gente adornados con una sencilla pegatina, de cómo la gente se paraba aposta para agradecernos la labor que llevamos a cabo, de cómo personas mayores te agarraban del brazo sin decir nada, pero transmitiéndote todo su cariño y apoyo, el conocer historias que te conmueven, como la de este caballero, y de como, por una mañana, las calles se llenaron de bondad y humildad.
Esta aura de color rosa, se ve empañado por todos aquellos, que no se merecen ser llamados otra cosa que no sea ladrones, que aun teniéndolo todo, quieren más y más. Y aquí mi pregunta, ¿para qué quieren tanto dinero?, yo me conformaría con tener lo suficiente para no tener que preocuparme por nada el resto de mi vida.
Se me rompe el alma está desigualdad tan marcada, pero lo peor de todo, son aquellas personas que aun así los siguen admirando, votando o defendiendo, ¿de verdad que la gente admira a esas ratas de cloaca?, ¿acaso han hecho algo por nosotros?, solo sonreír a cámara, dar patadas a un balón y convertir sus promesas en sueños rotos.
Estas enseñanzas que la vida te va presentando, son las que me están ayudando a madurar, a mejorar como persona y a llenarme de ganas para comerme el mundo y cambiar su curso. Sé que yo sola no haré mucho, pero al menos estoy ayudando a que esto cambie.

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